Historia

Entre los antecedentes de la fundación de Piedras Negras, se tiene que reconocer que el  asentamiento más antiguo en el municipio fue el Presidio de Monclova Viejo. Un sitio creado por el gobierno virreinal de la Nueva España, para defender a los primeros pueblos y misiones de Coahuila de los ataques de los indígenas en marzo de 1773, instalado por el comandante español, inspector de presidios, don Hugo O’Connor, para dar cumplimiento a la reubicación de algunos presidios, pero por causas  desconocidas no lo hizo en su totalidad con el Presidio de Santiago de la Monclova, la hoy ciudad de  Monclova, porque decidió dejar solo la mitad de la fuerza militar y el resto fue reubicado cerca del Río Bravo en las inmediaciones de la loma de El Moral, en la margen derecha del Río San Rodrigo, a unos kilómetros de la confluencia de este río con el Río Bravo, muy cerca de la actual congregación de El Moral. Pero por causas también inexplicables, O’Connor lo llamó Presidio de Monclova Viejo, en lugar de Monclova Nuevo u otro nombre similar o diferente, considerando lo posterior de su fundación en relación al Presidio de Santiago de la Monclova, hecho 96 años antes.

Esta instalación militar cumplió con creces el objetivo para lo que fue creado. Entre los años de 1835 a 1850, fue sometida el área de su ingerencia a una triple agresión: la de los revolucionarios de las múltiples revueltas de la época, la de los indígenas y la de los rebeldes texanos que buscaban consolidar su independencia.

El punto más importante en el orden militar y aduanal, lo fue el Presidio de San Juan Bautista del Río Grande, la hoy villa de Guerrero, cuya aduana era la única reconocida oficialmente desde la terminación de la llamada zona libre, aunque el término aduana, era más alegórico que real, porque el contrabando era un delito practicado a diario.

Cuando finalizó la guerra de 1847, donde perdimos la mitad de nuestro territorio, los presidios pasaron a formar parte de las nuevas colonias militares y entre la colonia de Guerrero y la de Monclova Viejo, existía un camino que pasaba por un sitio, al que la gente le dio en llamarle paso de piedras negras. Un vado practicable que podía competir con el paso de Francia, en la hoy villa de Guerrero; fue llamado así, por la gran cantidad de carbón que existía en la superficie. Este lugar empezó a ser uno de los más usados para el contrabando, pero durante la guerra con Texas fue esporádicamente utilizado.

El paso de piedras negras empezó a recibir visitantes en 1849, en que se empezó a construir el Fuerte Duncan, un establecimiento militar que se convirtió con el paso del tiempo en la ciudad de Eagle Pass, en el estado de Texas. La presencia de los soldados en el fuerte inició un florecimiento comercial en la región fronteriza, que se dio a las márgenes de la legalidad, porque no existía aduana en el paso de piedras negras, sino a casi 40 kilómetros del fuerte.

Un grupo de colonos procedentes de la villa de Guerrero se establecieron por su propia cuenta y riesgo en el paso de piedras negras en abril de 1850, más tarde decidieron agregar el territorio a la cabecera del Departamento de Río Grande, que era la villa de Guerrero y ante el Sub-Inspector, Coronel, Juan Manuel Maldonado, los 56 vecinos decidieron el 15 de junio de 1850, solicitar la fundación de la villa, con el nombre de Nueva Villa de Herrera, en honor del Presidente de la República, don José Joaquín de Herrera, nombrando por mayoría de votos a don Luciano de la Cerda como alcalde y como síndico personero, a don Antonio Arredondo, según consta en el acta de fundación de la ciudad. Quedando para la historia los nombres de aquellos 56 vecinos que fundaron oficialmente a la hoy ciudad de Piedras Negras.

Dos meses después, la comandancia general de las colonias militares de oriente decidieron el establecimiento de una colonia militar en el paso de piedras negras, la cual fue denominada Colonia Militar de Guerrero en Piedras Negras, 2º nombre que tuvo Piedras Negras, estableciéndola oficialmente el 14 de agosto de ese año, dejando a la villa de Herrera totalmente fusionada a la nueva colonia militar, bajo el mando del Capitán 1º, José María Andrade.

En agosto de 1855 se suprime la colonia militar y la población vuelve a la vida civil al crearse la villa de Piedras Negras, 3er nombre que tuvo la ciudad; la aduana fronteriza de la villa de Guerrero es reubicada a Piedras Negras, el 26 de agosto de ese año. En esta época la villa de Piedras Negras sufrió invasiones de filibusteros texanos que incendiaron y saquearon la población, además de múltiples incidentes con los militares del Fuerte Duncan; la guerra de intervención francesa también acercó a las huestes imperialistas que invadieron Piedras Negras, huestes que luego fueron expulsadas por las fuerzas leales al Presidente Juárez.

En 1883 llegó el ferrocarril con la empresa Ferrocarril Internacional Mexicano y contribuyó al desarrollo de Piedras Negras, producto de la comunicación con ciudades de Texas, de Coahuila y del país.

El 1 de diciembre de 1888, la villa adquiere la categoría de ciudad con el nombre de Ciudad Porfirio Díaz, 4º nombre de la población, en honor del Presidente de la República, General Porfirio Díaz Mori. El 10 de septiembre de 1890, la población sufre su primer gran inundación, que además afectó seriamente a Villa de Fuente, entonces municipio independiente, creando un gran caos y destrucción, aunque sin víctimas, porque la gente pudo ponerse a salvo en los lomeríos. Villa de Fuente no pudo sobreponerse a esta catástrofe y desapareció como municipio independiente 4 años después. El General Porfirio Díaz visitó la ciudad que llevaba su nombre el 2 de febrero de 1902 y contribuyó a mejorar nuestra forma de vida en el ramo ferrocarrilero, telegráfico, telefónico, en la agricultura, comercial, minero, industrial y educacional.

Ciudad Porfirio Díaz fue escogida por don Francisco I. Madero para iniciar la lucha armada bajo su mando, un 20 de noviembre de 1910, movimiento que no prospera por lo pequeño de las fuerzas que se logró reunir, partiendo a Ciudad Juárez en donde cumplió finalmente su cometido. Con la revolución triunfante, Madero decide regresar a México por Ciudad Porfirio Díaz, el 1 de junio de 1911. Con la caída del Porfiriato, el Gobernador del Estado, don Venustiano Carranza, decretó que la ciudad conserve la categoría de ciudad, pero regresar a su antiguo nombre de Piedras Negras, el 14 de diciembre de ese año, pero que entró en vigor hasta el día 19. Quinto y definitivo nombre de la ciudad.

Piedras Negras fue el cuartel general del ejército constitucionalista, teniendo como su líder al Primer Jefe, don Venustiano Carranza, desde 19 de abril hasta el 15 de julio de 1913. Aquí se construyeron en la Casa Redonda o Maestranza, los famosos cañones que tanto ayudaron a la causa constitucionalista.

El 2 de septiembre de 1932, la ciudad sufre su segunda gran inundación con grandes pérdidas materiales, al desbordarse el Río Bravo. Evento que se repitió el 28 de junio de 1954, con la más grande inundación que ocasionó graves daños que no pudieron ser cuantificados, que solo reconoció la pérdida de 60 vidas, aunque se manejaron cifras superiores.

A estas fechas se une el 4 de abril del 2004, en que las aguas del Río Escondido y San Antonio, arrasaron Villa de Fuente y algunas colonias aledañas con los resultados ya conocidos, con la desgracia de perder valiosas vidas.

Un nuevo evento afectó la ciudad, sobre todo a Villa de Fuente, que una vez más soportó la furia de la naturaleza cuando un tornado acabó con decenas de viviendas en su totalidad, incluyendo a la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, el 24 de abril de 2007, que dejó una gran cantidad de heridos, familias sin vivienda y daños incuantificables.

La ciudad presume la gran calidad de sus gentes, que hoy, es su máxima riqueza; de 31,665 que sobrevivieron a la tragedia de la inundación de 1954, esa cifra palidece al agregarse un dígito más, que nos acerca a los 200 mil, ahora con nuevos conglomerados, mejores comunicaciones, modernidad en todos los sentidos, al igual que su fama de ciudad limpia, galardón que mantuvo durante siete años consecutivos. Y de aquel añejo vado sobre el Río Bravo, en donde el águila se atreve a posarse, donde la mexicanidad es símbolo patrio por excelencia, donde la franca hospitalidad queda patentizada ante el visitante; aquí, donde el noble nigropetense o petenegrino soporta estoicamente las extremas inclemencias del tiempo, que se enorgullece de su estirpe de valentía y heroísmo, constatado a lo largo de su historia, de la ciudad que se negó a morir en varias ocasiones víctima del infortunio, por las terribles inundaciones de 1890, de 1932, de 1954 que casi nos elimina del mapa y del 2004, que nos dejó una secuela traumática y mucho dolor y que se niega a cicatrizar; del tornado que dejó una franja de destrucción en 2007. Aquí donde enarbolamos el pabellón con el águila y el carbón con donaire, un pabellón que sostenemos orgullosos, los que aquí hemos nacido y los que escogieron a Piedras Negras, la mejor ciudad de la frontera norte, para asentar sus raíces.

Profr. Otto Schober

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